¡Qué son las emociones?

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Las emociones son INFORMACIÓN que nos habla sobre cómo estamos viviendo una determinada situación, por ejemplo: cómo me estoy sintiendo hablando con mi madre, siendo la última de la empresa que elije cuándo hará las vacaciones de verano, o discutiendo por la custodia de mis hijos. Por lo tanto, las emociones siempre aparecen cuando estamos en relación con alguien o con algo. Si hubiera la posibilidad de no estar en ninguna parte (aunque a veces nos gustaría, no existe tal posibilidad) no habría emoción; en cambio, si lo miramos desde el otro lado, como estamos constantemente en contacto con una situación o con otras personas SIEMPRE estamos viviendo una o más emociones. Que estemos en contacto con ella o sepamos de su existencia, eso es otra cosa.

Entonces… ¿Hay informaciones positivas e informaciones negativas? No. ¿Y cómo es que se habla de emociones positivas y emociones negativas? Podemos hablar de que una emoción nos resulte agradable o desagradable en una determinada situación, pero no serán siempre las mismas emociones las que nos resulten agradables o desagradables, dependerá del momento y de la situación en la que nos encontremos. Veamos un ejemplo. Me puede resultar muy agradable sentirme alegre cenando un viernes por la noche con mis amigas; y me puede resultar muy desagradable sentirme alegre porque acabo de saber que estoy embarazada estando en el entierro de un amigo. El hecho de que yo esté alegre o no, sea la situación que sea, no es ni positivo ni negativo. Si jugamos a etiquetar de positivas y negativas las emociones, tenderemos a escuchar más aquello que percibimos como positivo, y dejaremos de lado aquello negativo, convirtiéndose este en un sesgo de primera. En cambio, si percibimos las emociones como información, y que dependiendo de la situación en que aparece me resulta más agradable o menos, me va a resultar más fácil adoptar una mirada más curiosa con todas las emociones, sin resaltar más unas que otras, ya que en definitiva, son informaciones que tengo y que me pueden servir para orientarme en el contexto en el que me encuentro.

Por otro lado, es importante ser consciente de que todos tenemos un historial de relación con cada una de las emociones que se nos presentan. En cada entorno familiar hay una cultura emocional que dicta la mirada hacia cada una de las emociones. Hay casas en que la rabia está prohibida porqué se considera que es peligrosa; en otras casas mostrarse triste es la forma de conseguir que el otro te escuche; en otras el miedo no tiene lugar para los hombres y sí para las mujeres, etc. Esa dinámica de mirar o no hacerlo, y de qué manera miramos va a interferir obviamente en mi relación con las emociones, sobre todo en el permitirme sentirlas o el reconocer que lo estoy haciendo. Por ejemplo, si yo he aprendido que la rabia sólo trae problemas, cuando empiece a sentirme molesta con algo es cuándo aparecerá el yo no puedo estar enfadada porqué es peligroso, y si no paro a analizar este sistema de funcionamiento, probablemente gane la creencia (que es muy anterior) y siga haciendo lo que ya sé hacer (no hacer nada con mi enfado). Pero cuando llevamos muchos años haciéndolo puede que empecemos a notar el peso de esa rabia no gestionada, e incluso puede que lo notemos en dolencias corporales, tales como dolores de estómago, contracturas en la espalda, cefaleas, etc. Entonces tendremos que evaluar de nuevo la situación y ver si me sigue sirviendo la forma de encarar el enfado o si ya ha quedado obsoleta.

Entonces, ¿para qué sirven las emociones? Como decíamos antes las emociones nos informan, por lo tanto, nos orientan e invitan a algo. Por ejemplo, cuando estamos alegres sentimos el impulso de compartir nuestra alegría con los demás, de modo que fortalecemos el vínculo y nuestras relaciones personales. Sentimos que hemos ganado algo.

La tristeza nos indica que hemos perdido algo, o que algo que antes existía ya no está. De este modo, sintiéndonos tristes conseguimos aceptar la nueva situación, desprendernos del pasado. Si no nos permitimos la tristeza puede que sigamos mucho tiempo enganchados a esa situación haciendo ver que “no pasa nada”, o tal vez que no nos demos cuenta de cuan importante era para nosotros lo que hemos perdido.

La rabia tiene que ver con algo que percibo como injusto o, simplemente, que no me agrada o no me parece bien. Mostrar mi rabia me permite poner y velar para que mis límites se respeten, y orientar al otro para que sepan dónde están. Cuando me ocupo de ello me estoy ocupando de mí, me estoy cuidando, y en ese sentido, nadie más lo puede hacer por mí.

En el caso del miedo hablamos de algo más instintivo y común con los animales, el miedo nos protege del peligro. Siento miedo cuando percibo que algo o alguien puede representar algo nocivo para mí, y por lo tanto me orienta (a huir de él, a quedarme en el lugar para saber un poco más y luego poder actuar, etc.).

Éstas son las 4 emociones básicas, de las cuales nacen muchísimas más. Hay autores que hablan de otras clasificaciones, pero estos cuatro reinos me permiten trabajar en terapia de una forma relativamente “sencilla”. La culpa, por ejemplo, me invita a revisar mis errores para aprender de ellos; la vergüenza me invita a revisar mis juicios, etc.

Que aparezca una emoción de forma solitaria es poco frecuente. Pongamos un ejemplo: tengo una compañera de trabajo con la que me llevo muy bien y me informa de que le han dado el puesto de trabajo con el que tanto soñaba desde hacía tres años. Por un lado me pongo muy contenta (¡por fin ha conseguido su sueño!); por otro lado me pone triste que se vaya (¿ahora con quién voy a desayunar?); por otro lado siento envidia (qué suerte que ha tenido y yo no); por otro lado me enfada (que no me lo haya dicho antes, ya que lo interpreto que no le importaba tanto como pensaba); por otro lado me da miedo (¿a quién me van a poner de compañera? ¿Voy a llevarme bien con él/ella?), etc. Este hecho muestra que las situaciones en las que nos encontramos normalmente no son simples, sino que intervienen multitud de factores, por eso las vivimos con (a veces) multitud de emociones. Es importante tener un espacio donde poder escuchar y entender qué me está diciendo cada una de mis emociones para poder ver qué estoy necesitando y cómo puedo hacerlo para encontrar la manera de gestionar la situación de forma satisfactoria.

La información está dentro de nosotros, el trabajo está en saber encontrarla, entenderla y utilizarla.

¡Salud y emoción!

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